{"id":4084,"date":"2020-06-03T09:05:42","date_gmt":"2020-06-03T15:05:42","guid":{"rendered":"http:\/\/grillotamaulipeco.com\/?p=4084"},"modified":"2020-06-03T09:05:44","modified_gmt":"2020-06-03T15:05:44","slug":"la-tristeza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/2020\/06\/03\/la-tristeza\/","title":{"rendered":"La tristeza"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Mar\u00eda Rivera.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El problema es, naturalmente, que seguimos en sem\u00e1foro rojo y probablemente, seguiremos mucho tiempo, cuantim\u00e1s si la gente sale, y aumentan los contagios, confundida por los mensajes, totalmente contradictorios, de la Secretar\u00eda de Salud. Foto: Graciela L\u00f3pez, Cuartoscuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que yo tengo es tristeza, querido lector, querida lectora. Una tristeza como un cuajo, por lo que nos ocurre, a todos, en menor o mayor medida. Tristeza de haber perdido la posibilidad de contacto cercano, ver a los amigos, a la familia. Tristeza de saber que nuestras vidas en el futuro cercano no, no ser\u00e1n ya las mismas. No es que saliera mucho antes, le cuento. En general, apreciaba mucho mi soledad y hasta el aislamiento. Pero no este brutal confinamiento que comienza, sobre todo, en la conciencia. La conciencia de saber que solo con un equipo de protecci\u00f3n especial, como mascarillas, lentes, y protocolos de sana distancia, se podr\u00e1 salir a cosas realmente necesarias y por poco tiempo; que los espacios cerrados y sin ventilaci\u00f3n natural ser\u00e1n un gran riesgo, como el transporte p\u00fablico, las tiendas, las oficinas, las escuelas, los restaurantes, bares, pero tambi\u00e9n las actividades culturales; las lecturas, los conciertos, las presentaciones de libros, eso que formaba parte de nuestra vida. Tristeza (y angustia) de saber que el virus ataca a distintos \u00f3rganos del cuerpo, no es estrictamente un virus respiratorio, aunque sean los pulmones su blanco preferido. Se presenta con muchas sintomatolog\u00edas que los especialistas van, poco a poco, reconociendo. Uno ya no puede enfermarse como antes: ni del est\u00f3mago, ni de gripa, cuando nos tir\u00e1bamos en la cama con un t\u00e9 con la seguridad de que en tres d\u00edas estar\u00edamos afuera, curados. Tampoco se puede uno enfermar y acudir al m\u00e9dico o a la cl\u00ednica como antes. Ahora hay que consultarlo por tel\u00e9fono, si no se quiere uno exponer al contagio; a los enfermos cr\u00f3nicos si bien les va no empeorar\u00e1n estos meses, sin posibilidad de atender a sus citas programadas en hospitales, hoy reconvertidos en hospitales COVID-19, \u00bfcu\u00e1ntos pacientes se est\u00e1n dejando de atender por la emergencia y ver\u00e1n seriamente mermada su salud? \u00bfqu\u00e9 har\u00e1n todos los pacientes cr\u00f3nicos desplazados? \u00bfesperar\u00e1n, hasta cu\u00e1ndo, para poder ser atendidos? Mientras, remedios caseros, esperar que no se compliquen los padecimientos. El problema es, naturalmente, que seguimos en sem\u00e1foro rojo y probablemente, seguiremos mucho tiempo, cuantim\u00e1s si la gente sale, y aumentan los contagios, confundida por los mensajes, totalmente contradictorios, de la Secretar\u00eda de Salud. No, no hemos domado a la pandemia, ni acab\u00f3 la cuarentena, por lo menos en la Ciudad de M\u00e9xico y la zona conurbada del Estado de M\u00e9xico, seg\u00fan lo indican las propias autoridades locales, la zona m\u00e1s golpeada por la COVID-19. Pero la gente ha relajado las medidas de confinamiento porque se dijo hasta el cansancio que el 1 de junio se acababa la Jornada de Sana Distancia. Esto significa, inevitablemente, que en unas semanas, habr\u00e1 m\u00e1s enfermos y, lamentablemente, m\u00e1s fallecidos, y si no se cambia de estrategia, el coronavirus se convertir\u00e1 en una emergencia que conforme pase el tiempo, empeorar\u00e1, causando m\u00e1s da\u00f1o a las familias mexicanas pero tambi\u00e9n a la econom\u00eda del pa\u00eds. El agravamiento de la epidemia no deber\u00eda sorprenderle a nadie ya, con los datos que tenemos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que es comprensible que la gente quiera que esta situaci\u00f3n termine ya, tras dos meses de aislamiento. Comenzamos a ver los efectos en la salud f\u00edsica y emocional de las personas, sometidas a un estr\u00e9s continuo por el aislamiento y la zozobra. Los adultos mayores est\u00e1n m\u00e1s expuestos a la depresi\u00f3n, pero no exclusivamente: no hay otro estado m\u00e1s terrible que vivir con miedo, perseguido por el fantasma de la muerte, una sombra que se desliza por los entretelones de la mente, aunque no queramos verla. La desnaturalizaci\u00f3n de los espacios y de las rutinas despu\u00e9s de un tiempo provocan desesperanza y aunque uno no haya sido atravesado por la tragedia, de igual modo nos alcanza: familiares de amigos que van muriendo, que llenan de l\u00e1grimas las redes sociales. El padre, el sobrino, el primo, el esposo. J\u00f3venes y viejos, adultos en plenitud de su vida, \u00bfqu\u00e9 hacer, pues, con la desesperanza, d\u00f3nde ponerla? Esto me preguntaba el d\u00eda de mi cumplea\u00f1os. Un cumplea\u00f1os sin cumplea\u00f1os, realmente extra\u00f1o. La virtualidad ayuda, pero cada vez estamos m\u00e1s hastiados o tal vez, cada vez m\u00e1s ensimismados en nuestras vidas dom\u00e9sticas, literal y metaf\u00f3ricamente, cada vez m\u00e1s encerrados en nuestras fatigas: esas cosas \u00edntimas que pasan en nuestras casas y que se han expandido, abarcando toda nuestra vida. Las hormigas que llegaron un d\u00eda, los drenajes que fallan, las cosas que faltan, el cloro como un amigo ya familiar e inseparable, la \u00edntima angustia frente a la peor crisis econ\u00f3mica que hayamos atravesado. Mi hija se pregunta cu\u00e1ndo podr\u00e1 volver a ver a sus amigos, cu\u00e1ndo podr\u00e1 abrazarlos. Yo lo que me pregunto es si podremos abrazarnos sin desconfianza cuando nos volvamos a ver. Lo que esperamos todos es que, eventualmente, tengamos acceso a una vacuna o a medicamentos efectivos y que esta forma pesadillesca de la realidad termine. Eso es lo que nos decimos para combatir la desesperanza: nuestras vidas, en alg\u00fan momento, volver\u00e1n a ser las mismas. Saldremos a la calle despreocupadamente, aunque nuestra generaci\u00f3n quede marcada por el coronavirus. Mi padre dice que nos reiremos cuando todo esto acabe, y que recordaremos estos d\u00edas sin la oscuridad que nos persigue hoy. Yo, lo que pienso, es que a\u00fan con la tristeza y la zozobra, tengo la enorme fortuna de tenerlo conmigo, tras un c\u00e1ncer que pudo ser fatal, el a\u00f1o pasado. Tambi\u00e9n a mi madre, y a mis t\u00edas, ya mayores, que son como otras madres. Nuestros mayores, nuestros padres, los abuelos, que hoy sobrellevan estos d\u00edas con admirable entereza.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, estamos tristes, y cansados, pero la soluci\u00f3n no es salir a la calle, exponerse al contagio, sino aceptar que la vida cambi\u00f3, y que tendremos que vivir as\u00ed mientras no haya una vacuna o una cura; adecuar nuestra vida para seguirnos protegiendo y proteger a otros m\u00e1s vulnerables que nosotros, no claudicar ante la inconsciencia o el hartazgo o ante los mensajes contradictorios y perversos de las propias autoridades. Los discursos falsos y triunfalistas sobre la pandemia no nos servir\u00e1n para sobrevivir, eso t\u00e9ngalo por seguro, solo sirven como inmoral propaganda pol\u00edtica. Mejor, cu\u00eddese, qu\u00e9dese en casa estas semanas en que a\u00fan estamos en sem\u00e1foro rojo, abra bien los ojos en la confusa penumbra, reconozca los riesgos, anteponga su vida y la de los dem\u00e1s a cualquier consideraci\u00f3n enga\u00f1osa. Es preferible reconocer los rostros de los que amamos y siguen entre nosotros como una luz preciosa, brillando, a pesar del encierro y de lo adverso.<br>MSN M\u00c9XICO.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mar\u00eda Rivera. 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