{"id":3080,"date":"2020-05-01T06:57:00","date_gmt":"2020-05-01T06:57:00","guid":{"rendered":"http:\/\/grillotamaulipeco.com\/?p=3080"},"modified":"2020-05-03T06:59:06","modified_gmt":"2020-05-03T06:59:06","slug":"las-castellanas-que-vencieron-al-ejercito-ingles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/2020\/05\/01\/las-castellanas-que-vencieron-al-ejercito-ingles\/","title":{"rendered":"Las castellanas que vencieron al Ej\u00e9rcito ingl\u00e9s."},"content":{"rendered":"\n<p><strong>En 1388, las mujeres de Palencia resistieron solas el asedio de las tropas del duque de Lancaster que intentaba quedarse con la corona de Castilla.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A lo mejor ha menester de papel y boli, no es obligatorio, mas aconsejable. Catalina era nieta de Pedro I de Castilla, un rey al que su hermano Enrique II, mejor dicho su ayudante Bertrand du Guesclin, mat\u00f3 por la espalda. En 1369, la madre de Catalina (la hija del asesinado Pedro), que se llamaba Constanza, se cas\u00f3 con el heredero del rey Eduardo III de Inglaterra, Juan de Gante, tambi\u00e9n conocido por la historia como duque de Lancaster. Por eso, el de Lancaster se consideraba a s\u00ed mismo monarca de Castilla. El problema estribaba en que solo lo cre\u00eda \u00e9l (bueno, su mujer tambi\u00e9n), porque el reino castellano permanec\u00eda en manos de otro Juan, Juan I, hijo de Enrique II, el asesino de Pedro I.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el monarca Eduardo III dej\u00f3 este lioso mundo din\u00e1stico europeo, no nombr\u00f3 rey de Inglaterra al duque, tal y como estaba previsto, sino a un sobrino llamado Ricardo. As\u00ed que el de Lancaster, despechado, decidi\u00f3 buscarse su propio reino y qu\u00e9 otro mejor que el de Castilla, el que hab\u00eda heredado a trav\u00e9s de su mujer. Pero claro, Juan I de Castilla no iba a dejarse arrebatar el reino f\u00e1cilmente por el marido de su prima. Por eso, el duque tuvo que trasladarse personalmente a Espa\u00f1a con un potente ej\u00e9rcito y con su hija Catalina por si al final las cosas no sal\u00edan como estaba previsto y ten\u00eda que nombrarla reina a ella. En las guerras, tener un plan B es conveniente. Todo esto lo cuenta la historiadora Isabel Pastor Bodmer, en un art\u00edculo de la Real Academia de la Historia, pero sin bromitas y con mucho m\u00e1s personajes que complican la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente el duque, que desembarc\u00f3 en A Coru\u00f1a en 1388, avanz\u00f3 y avanz\u00f3 por las tierras de Juan I sin encontrar apenas resistencia, hasta que lleg\u00f3 a Palencia. Bien es verdad que el primo de su mujer hab\u00eda mandado antes una flota llena de soldados con malas intenciones a Londres, porque todos los reinos europeos estaban, en ese momento, enzarzados en la llamada Guerra de los Cien A\u00f1os: un embrollo b\u00e9lico y din\u00e1stico en el que participaban Inglaterra, Francia, Bohemia, Escocia, Arag\u00f3n, Navarra, Borgo\u00f1a, Portugal\u2026 De hecho, la flota del rey castellano se adentr\u00f3 \u201cen el r\u00edo Artemisa [T\u00e1mesis] fasta cerca de la cibdad de Londres, a do galeas de enemigos nunca entraron\u201d, dej\u00f3 escrito el cronista Pedro L\u00f3pez de Ayala. Juan I, finalmente, cuando estaba a punto de arrasar la urbe, se dio la vuelta. Vete a saber por qu\u00e9. Los espa\u00f1oles nunca hemos tenido mucha suerte con eso de invadir Inglaterra.<\/p>\n\n\n\n<p>Como Juan I no pod\u00eda estarse quieto, tambi\u00e9n se enzarz\u00f3 en otra guerra, pero esta vez con los vecinos portugueses. Y la perdi\u00f3, la conocida como batalla de Aljubarrota (Portugal, 1385), que impidi\u00f3 que Castilla y el reino luso formasen una misma naci\u00f3n hasta dos siglos despu\u00e9s. Por supuesto, los portugueses tras su victoria se unieron a las errantes tropas del ingl\u00e9s Lancaster (tuvieron que atravesar la zona donde desde siempre se cultiva el excelente Ribera del Duero) y decidieron tomarse la venganza, pero esta vez, en suelo castellano. As\u00ed que Juan I, con los hombres que le quedaban, se aprest\u00f3 a una nueva y desesperada batalla contra sus dos enemigos. Como en Aljubarrota hab\u00eda perdido m\u00e1s de 10.000 soldados, tuvo que reclutar hombres de todas partes. En Palencia, por ejemplo, no dej\u00f3 ni uno en casa. Y con su improvisado ej\u00e9rcito parti\u00f3 hacia las riberas del Duero a buscar a portugueses e ingleses, que por all\u00ed deb\u00edan de estar, sobre todo estos \u00faltimos. Lo cuenta Javier Santamarta del Pozo, divulgador hist\u00f3rico, en su libro Ellas (Edaf, 2019). \u201cNo quedaron hombres para segar las meses. Ni para recoger el fruto de las vides. Parten para segar vidas. Para proteger las suyas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, Lancaster segu\u00eda avanzando y avanzando, hasta que Palencia aparece en el horizonte. Suenan, asustadas, las campanas de la ciudad. Los pendones azules con la flor de lis del duque est\u00e1n a sus puertas. Indefensas mujeres frente a soldados armados hasta los dientes. Sorprendentemente, la alcaldesa decide que deben resistir y que la ciudad no se rinde. Env\u00eda un mensajero a buscar al Ej\u00e9rcito de Juan I. \u00bfPor d\u00f3nde estar\u00e1n? Mientras, se aprestan a la resistencia. \u201cSeguramente\u201d, grita la regidora a sus convecinas, \u201clos ingleses no esperan otra cosa, sino paso franco por nuestras puertas. \u00a1Pero yo os digo que ni por la de la Puente por donde se les atisba, ni por la de Monz\u00f3n, ni por la del Paniagua, ni por la de San L\u00e1zaro! \u00a1Por ninguna puerta pasar\u00e1 hombre que no sea castellano\u201d, recrea las palabras de la regidora Santamarta en su libro.<\/p>\n\n\n\n<p>Entretanto, los rastreadores ingleses descubren que no hay hombres en la ciudad, solo mujeres y ni\u00f1os. Risas y burlas de las tropas brit\u00e1nicas que hab\u00edan atravesado la Ribera del Duero haciendo paradas. As\u00ed que env\u00edan negociadores a la puerta principal para que se rindan. Las mujeres les dan con ella en las narices. Comienza entonces el ataque directo a las murallas. Pero las defensoras -armadas con hachas, hoces, cuchillos y guada\u00f1as- rechazan las sucesivas embestidas, no sin antes verter aceite hirviendo desde las troneras, adarves, saeteras o cualquier otra abertura de los muros. Lancaster no da cr\u00e9dito y, adem\u00e1s, para empeorar la situaci\u00f3n, los mensajeros de la ciudad ya hab\u00edan alcanzado a las tropas de Juan I. Este vuelve grupas y acude en socorro de sus mujeres, hermanas, madres e hijas. Lancaster se ve entre dos fuegos. No puede refugiarse en la maldita ciudad y, adem\u00e1s, el rey castellano retorna con ganas de venganza. \u00bfQu\u00e9 hacer entonces? Pues sacar el comod\u00edn de Catalina. \u201c\u00bfQu\u00e9? \u00bfCasamos a Cata con Enrique [hijo de Juan]\u201d, vino a decirle a su futuro cu\u00f1ado. \u201cVenga, vale, pero te vas para siempre de mi reino parando donde quieras\u201d, le responder\u00eda el castellano.<\/p>\n\n\n\n<p>Por cierto que Catalina trajo como dote para su boda un reba\u00f1o de ovejas merinas, seg\u00fan relata el periodista Pedro Garc\u00eda Luaces, \u201centonces muy apreciadas por el fino tacto de su lana, lo que dio un impulso decisivo al comercio espa\u00f1ol de ganado y a sus f\u00e1bricas de pa\u00f1os, que empezaron a competir con las centroeuropeas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qu\u00e9 pas\u00f3 con las asediadas? Pues que Juan I les concedi\u00f3 el llamado derecho de toca. De esta forma, no tendr\u00edan que inclinarse nunca ante el rey. Por eso, en el vestido tradicional palentino, las damas lucen una banda de color rojo y oro que les confiere este derecho. Cosas de los asedios, que tienen su parte buena.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nota tomada de elpais.com<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1388, las mujeres de Palencia resistieron solas el asedio de las tropas del duque de Lancaster que intentaba quedarse con la corona de Castilla. 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