{"id":3077,"date":"2020-05-01T06:56:00","date_gmt":"2020-05-01T06:56:00","guid":{"rendered":"http:\/\/grillotamaulipeco.com\/?p=3077"},"modified":"2020-05-03T06:57:42","modified_gmt":"2020-05-03T06:57:42","slug":"una-plaga-entre-dos-mundos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/2020\/05\/01\/una-plaga-entre-dos-mundos\/","title":{"rendered":"Una plaga entre dos mundos."},"content":{"rendered":"\n<p><strong>El Nobel turco, que prepara una novela acerca de la peste de 1901, reflexiona sobre los paralelismos de la actual pandemia con otras del pasado.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Desde hace cuatro a\u00f1os estoy escribiendo una novela hist\u00f3rica situada en 1901, durante lo que se conoce como la tercera pandemia de peste, un brote de peste bub\u00f3nica que mat\u00f3 a millones de personas en Asia pero no tanto en Europa. Durante los dos \u00faltimos meses, amigos y familiares, editores y periodistas que est\u00e1n al tanto del tema de la novela, Nights of Plague, me han hecho un mont\u00f3n de preguntas sobre las pandemias.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre todo les provocan curiosidad los paralelismos entre la pandemia de coronavirus actual y los brotes hist\u00f3ricos de peste y c\u00f3lera. Y hay sobreabundancia de paralelismos. En toda la historia de la humanidad y la literatura, lo que asemeja las pandemias no es solo la coincidencia de g\u00e9rmenes y virus, sino el hecho de que nuestra primera reacci\u00f3n siempre es la misma.<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta inicial al brote siempre ha consistido en negarlo. Los gobiernos nacionales y locales siempre tardan en reaccionar, distorsionan los datos y manipulan las cifras para negar la existencia del contagio.<\/p>\n\n\n\n<p>En las primeras p\u00e1ginas de Diario del a\u00f1o de la peste, la obra literaria m\u00e1s esclarecedora que se ha escrito jam\u00e1s sobre el contagio y el comportamiento humano, Daniel Defoe cuenta que, en 1664, las autoridades locales de algunos barrios de Londres, para intentar que el n\u00famero de fallecimientos por la peste pareciera menor del que era, se dedicaron a inscribir otras enfermedades inventadas como causas oficiales de defunci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En su novela de 1827 Los novios \u2014quiz\u00e1 la novela m\u00e1s realista que existe sobre un brote de peste\u2014, el escritor italiano Alessandro Manzoni describe y apoya la ira de la poblaci\u00f3n ante la reacci\u00f3n oficial a la peste de 1630 en Mil\u00e1n. A pesar de las pruebas visibles, el gobernador de Mil\u00e1n hace caso omiso de la amenaza y ni siquiera est\u00e1 dispuesto a anular las celebraciones por el cumplea\u00f1os de un pr\u00edncipe local. Manzoni demuestra que la enfermedad se extendi\u00f3 a toda velocidad porque las restricciones fueron insuficientes, su aplicaci\u00f3n fue laxa y sus conciudadanos no las respetaron.<\/p>\n\n\n\n<p>Gran parte de la literatura sobre plagas y enfermedades contagiosas presenta el descuido, la incompetencia y el ego\u00edsmo de los que est\u00e1n en el poder como \u00fanicos instigadores de la furia de las masas. Pero los mejores escritores, como Defoe y Camus, ofrecen a sus lectores la posibilidad de vislumbrar algo m\u00e1s que la pol\u00edtica bajo la ola de furia popular, algo intr\u00ednseco de la condici\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n\n<p>La novela de Defoe nos demuestra que, detr\u00e1s de las interminables protestas y la rabia infinita, existe tambi\u00e9n una indignaci\u00f3n contra el destino, contra una voluntad divina que presencia y tal vez incluso condona toda esa muerte y ese sufrimiento humano, as\u00ed como contra las instituciones de la religi\u00f3n organizada, que no parecen saber c\u00f3mo lidiar con nada.<\/p>\n\n\n\n<p>La otra reacci\u00f3n universal y aparentemente espont\u00e1nea de la humanidad a las pandemias ha consistido siempre en crear rumores y difundir falsas informaciones. En el pasado, los rumores se alimentaban sobre todo de las informaciones err\u00f3neas y la imposibilidad de captar la situaci\u00f3n global.<\/p>\n\n\n\n<p>Defoe y Manzoni escribieron sobre personas que guardaban las distancias cuando se encontraban por la calle durante las epidemias pero que, al mismo tiempo, se ped\u00edan noticias y an\u00e9cdotas de sus respectivos pueblos y barrios, para ir componiendo una imagen m\u00e1s general de la enfermedad. Solo as\u00ed pod\u00edan aspirar a eludir la muerte y encontrar un refugio seguro.<\/p>\n\n\n\n<p>En un mundo sin peri\u00f3dicos, radio, televisi\u00f3n ni Internet, la mayor\u00eda analfabeta no dispon\u00eda m\u00e1s que de su imaginaci\u00f3n para discernir d\u00f3nde estaba el peligro, su gravedad y el grado de tormento que pod\u00eda causar. Esa dependencia de la imaginaci\u00f3n daba a los miedos de cada persona una voz propia, que te\u00f1\u00eda de un tono l\u00edrico: localizado, espiritual y m\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n<p>Los rumores m\u00e1s comunes durante las epidemias de peste se refer\u00edan a qui\u00e9n hab\u00eda introducido la enfermedad y cu\u00e1l era su origen. A mediados de marzo, cuando el p\u00e1nico y el miedo empezaban a extenderse por Turqu\u00eda, el director de mi sucursal bancaria en Cihangir, el barrio de Estambul en el que vivo, me dijo con aire de complicidad que \u201cesta cosa\u201d era la represalia econ\u00f3mica de China contra Estados Unidos y el resto del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>La plaga, como el mal encarnado, siempre se ha retratado como algo procedente de fuera, que ya hab\u00eda golpeado en alg\u00fan otro sitio sin que se hiciera lo suficiente para contenerla. En su relato sobre la propagaci\u00f3n de la peste en Atenas, Tuc\u00eddides empezaba destacando que el brote hab\u00eda empezado muy lejos, en Etiop\u00eda y Egipto.<\/p>\n\n\n\n<p>En Los novios, Manzoni describ\u00eda una figura que ha estado presente en la imaginaci\u00f3n popular durante las epidemias desde la Edad Media: todos los d\u00edas hab\u00eda alg\u00fan rumor sobre esa presencia mal\u00e9vola y diab\u00f3lica que merodeaba en la oscuridad esparciendo l\u00edquido infectado en los picaportes y las fuentes. O quiz\u00e1 hab\u00eda un anciano exhausto que se hab\u00eda sentado en el suelo, en el interior de una iglesia, y al que una mujer que pasaba acusaba de haber frotado su abrigo por todas partes para extender la enfermedad. Y entonces, enseguida, se reun\u00eda una turba dispuesta a lincharle.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos brotes inesperados e incontrolables de violencia, habladur\u00edas, p\u00e1nico y rebeli\u00f3n son habituales en los relatos sobre epidemias de peste a partir del Renacimiento. Ya en el Imperio Romano, Marco Aurelio acus\u00f3 a los cristianos de la plaga de viruela antonina, porque no participaban en los ritos para obtener el favor de los dioses romanos. Y en epidemias posteriores, se acus\u00f3 a los jud\u00edos de envenenar los pozos, tanto en el Imperio Otomano como en la Europa cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia y la literatura de las plagas nos demuestra que lo intensos que sean el sufrimiento, el miedo a la muerte, el terror metaf\u00edsico y la sensaci\u00f3n de estar viviendo algo extraordinario que experimenta la poblaci\u00f3n afectada, tambi\u00e9n determina la intensidad de su ira y su malestar pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n<p>Igual que ocurri\u00f3 con aquellas antiguas plagas, los rumores infundados y las acusaciones basadas en la identidad nacionalista, religiosa, \u00e9tnica y regionalista han influido de forma significativa en el desarrollo de los acontecimientos durante la epidemia de coronavirus. Tambi\u00e9n ha contribuido a ello la afici\u00f3n de las redes sociales y los medios populistas de derechas a dar un altavoz a las mentiras.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hoy tenemos acceso a un volumen incre\u00edblemente mayor de informaciones fiables sobre la pandemia que estamos viviendo que en cualquier otra \u00e9poca anterior. Ese es otro motivo por el que el poderoso y justificable miedo que sentimos es tan diferente. Nuestro terror se alimenta menos de rumores y m\u00e1s de datos precisos.<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que vemos c\u00f3mo se multiplican los puntos rojos en el mapa de nuestros pa\u00edses y del mundo, nos damos cuenta de que no queda ning\u00fan sitio al que huir. No necesitamos nuestra imaginaci\u00f3n para temer lo peor. Contemplamos im\u00e1genes de grandes camiones negros del ej\u00e9rcito que transportan cad\u00e1veres de peque\u00f1os pueblos italianos a los crematorios cercanos como si estuvi\u00e9ramos viendo nuestro propio entierro.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, el terror que sentimos excluye la imaginaci\u00f3n y la particularidad y revela hasta qu\u00e9 punto son inesperadamente similares nuestras fr\u00e1giles vidas y nuestra humanidad com\u00fan. El miedo, como la idea de morir, nos hace sentirnos solos, pero la conciencia de que todos estamos experimentando una angustia similar nos saca de nuestra soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>Saber que toda la humanidad, desde Tailandia hasta Nueva York, comparte nuestra inquietud sobre c\u00f3mo y d\u00f3nde llevar mascarilla, la forma m\u00e1s segura de manipular la comida que hemos comprado y si debemos mantenernos en cuarentena es un recordatorio constante de que no estamos solos. Produce un sentimiento de solidaridad. Nuestro miedo deja de mortificarnos; descubrimos cierta humildad en el hecho de que fomenta la mutua comprensi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando veo las im\u00e1genes televisadas de gente que espera ante los mayores hospitales del mundo, comprendo que mi terror lo siente tambi\u00e9n el resto de la humanidad y no me siento solo. Con el tiempo, mi miedo me averg\u00fcenza menos y me parece, cada vez m\u00e1s, una reacci\u00f3n perfectamente sensata. Me acuerdo de aquel viejo dicho sobre epidemias y plagas, que afirma que quienes tienen miedo viven m\u00e1s tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al final, comprendo que el miedo provoca dos respuestas diferentes, en m\u00ed y quiz\u00e1 en todos nosotros. A veces me empuja a encerrarme en m\u00ed mismo, en la soledad y el silencio. En otras ocasiones, me ense\u00f1a a ser humilde y practicar la solidaridad. Empec\u00e9 a pensar en escribir una novela sobre la peste hace 30 a\u00f1os y, ya entonces, lo que m\u00e1s me interesaba era el miedo a la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1561, el escritor Ogier Ghiselin de Busbecq \u2014que fue embajador del Imperio Habsburgo ante el Imperio Otomano durante el reinado de Suleim\u00e1n el Magn\u00edfico\u2014 escap\u00f3 de la plaga en Estambul refugi\u00e1ndose a seis horas de distancia, en la isla de Prinkipo, la mayor de las Islas Pr\u00edncipe, situadas al sureste de la ciudad, en el mar de M\u00e1rmara. Advirti\u00f3 que las leyes de cuarentena implantadas en Estambul eran demasiado poco estrictas y declar\u00f3 que los turcos eran \u201cfatalistas\u201d debido a su religi\u00f3n, el islam.<\/p>\n\n\n\n<p>Aproximadamente siglo y medio despu\u00e9s, incluso el sabio Defoe escrib\u00eda en su novela sobre la peste en Londres: \u201cLos turcos y los mahometanos [&#8230;] profesaban ideas de predestinaci\u00f3n y cre\u00edan que cada hombre ten\u00eda su fin predeterminado\u201d. Mi novela sobre la plaga iba a ayudarme a reflexionar sobre el \u201cfatalismo\u201d musulm\u00e1n en el contexto del laicismo y la modernidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sean fatalistas o no, hist\u00f3ricamente, siempre fue m\u00e1s dif\u00edcil convencer a los musulmanes que a los cristianos de que toleraran las medidas de cuarentena durante una epidemia, especialmente en el Imperio Otomano. A las frecuentes protestas por motivos comerciales de tenderos y agricultores de todas las confesiones, en las comunidades musulmanas se un\u00edan las dudas sobre la modestia femenina y la intimidad en el hogar. A principios del siglo XIX, dichas comunidades exig\u00edan \u201cm\u00e9dicos musulmanes\u201d, ya que en aquella \u00e9poca los m\u00e9dicos eran en su mayor\u00eda cristianos, incluso en el Imperio Otomano.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de 1850, cuando empezaron a abaratarse los viajes en barcos de vapor, los peregrinos que se dirig\u00edan a los santos lugares musulmanes de La Meca y Medina se convirtieron en los portadores y difusores de enfermedades infecciosas m\u00e1s prol\u00edficos del mundo. Al comienzos del siglo XX, para controlar el tr\u00e1fico de peregrinos a las dos ciudades y el regreso a sus pa\u00edses de origen, los brit\u00e1nicos establecieron una de las principales oficinas de cuarentena en Alejandr\u00eda, Egipto.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos hechos hist\u00f3ricos fueron los responsables de que se extendieran el estereotipo del \u201cfatalismo\u201d musulm\u00e1n y la idea preconcebida de que ellos y los dem\u00e1s pueblos de Asia eran los causantes y \u00fanicos portadores de las enfermedades contagiosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando, al final de Crimen y castigo, de Fiodor Dostoyevski, el protagonista de la novela, Raskolnikov, sue\u00f1a con una plaga, la narraci\u00f3n responde a esa misma tradici\u00f3n literaria: \u201cSo\u00f1\u00f3 que todo el mundo estaba condenado a una nueva plaga extra\u00f1a y terrible que hab\u00eda llegado a Europa desde las profundidades de Asia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En los mapas de los siglos XVII y XVIII, la frontera pol\u00edtica del Imperio otomano, donde se pensaba que comenzaba el mundo m\u00e1s all\u00e1 de Occidente, coincid\u00eda con el Danubio. Pero la frontera cultural y antropol\u00f3gica entre los dos mundos la marcaba la peste, as\u00ed como el hecho de que era mucho m\u00e1s probable contagiarse al este del Danubio.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa situaci\u00f3n, adem\u00e1s de consolidar la noci\u00f3n del fatalismo innato que sol\u00eda atribuirse a las culturas orientales y asi\u00e1ticas, reforz\u00f3 la idea preconcebida de que las plagas y otras epidemias siempre ven\u00edan de los rincones m\u00e1s oscuros de Oriente.<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen que nos ofrecen numerosos relatos hist\u00f3ricos locales es que, incluso durante las grandes pandemias, las mezquitas de Estambul segu\u00edan oficiando funerales, los deudos segu\u00edan visit\u00e1ndose unos a otros para darse el p\u00e9same y abrazarse entre l\u00e1grimas y a la gente, en lugar de preocuparse tanto por el origen de la enfermedad y c\u00f3mo estaba extendi\u00e9ndose, le interesaba m\u00e1s estar debidamente preparada para el siguiente entierro.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, durante la actual pandemia de coronavirus, el Gobierno turco ha adoptado una actitud laica, ha prohibido los funerales por los que han muerto de la enfermedad y ha tomado la rotunda decisi\u00f3n de cerrar las mezquitas los viernes, cuando los fieles, normalmente, se re\u00fanen en grandes cantidades para la oraci\u00f3n m\u00e1s importante de la semana. Y los turcos no se han opuesto a estas medidas. Nuestro miedo es grande, pero tambi\u00e9n cauto y paciente.<\/p>\n\n\n\n<p>Para que de esta pandemia surja un mundo mejor, debemos abrazar y cultivar los sentimientos de humildad y solidaridad engendrados por el momento que vivimos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nota tomada de elpais.com<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Nobel turco, que prepara una novela acerca de la peste de 1901, reflexiona sobre los paralelismos de la actual pandemia con otras del pasado. 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