{"id":2503,"date":"2020-04-17T19:36:00","date_gmt":"2020-04-17T19:36:00","guid":{"rendered":"http:\/\/grillotamaulipeco.com\/?p=2503"},"modified":"2020-05-02T19:37:35","modified_gmt":"2020-05-02T19:37:35","slug":"julissa-cruzo-la-frontera-con-12-anos-y-se-contagio-del-virus-en-nueva-york-su-madre-esta-deportada-en-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/2020\/04\/17\/julissa-cruzo-la-frontera-con-12-anos-y-se-contagio-del-virus-en-nueva-york-su-madre-esta-deportada-en-mexico\/","title":{"rendered":"Julissa cruz\u00f3 la frontera con 12 a\u00f1os y se contagi\u00f3 del virus en Nueva York, su madre est\u00e1 deportada en M\u00e9xico."},"content":{"rendered":"\n<p><strong>La covid-19 ha cortado en seco la actividad del campo de migrantes de Matamoros donde permanecen 2.400 personas, 500 de ellas ni\u00f1os y 300 mujeres embarazadas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cElla se fue caminando por el puente\u201d. Julissa sali\u00f3 del campo de refugiados para cruzar a Estados Unidos y acab\u00f3 contagiada por el coronavirus en Nueva York. 12 a\u00f1os. Su madre la despidi\u00f3 en la orilla mexicana del r\u00edo Bravo y la joven recorri\u00f3 los 150 metros para \u201centregarse a las autoridades gringas\u201d. Los ni\u00f1os pueden caminar por ese puente e internarse en el territorio que es el sue\u00f1o de sus padres. Al otro lado les reciben organizaciones humanitarias para reunirles con sus parientes, casi todos tienen ya alguien en Estados Unidos. A Julissa la esperaba su t\u00eda en Oklahoma, pero antes de llegar all\u00ed se hizo cargo de ella una familia de acogida. \u201cLa se\u00f1ora hab\u00eda tenido el virus y se lo ha pegado a toda la familia. Mi hija est\u00e1 aislada para pasar la cuarentena, me dicen que evoluciona bien. Yo le doy palabras de aliento cuando hablo con ella, le digo que est\u00e1 cubierta con la sangre de Cristo y s\u00e9 que un d\u00eda dar\u00e1 su testimonio de que ha sobrevivido a este virus\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Sentada a la puerta con cremallera de su tienda de campa\u00f1a, Carmen Ochoa, la madre, de 32 a\u00f1os, se queda mirando a las nubes y sus ojos se humedecen cuando piensa en aquel puente donde dej\u00f3 a su ni\u00f1a hace dos meses. El campamento de refugiados de Matamoros es la frontera m\u00e1s al este de M\u00e9xico con Estados Unidos, donde el r\u00edo Bravo desemboca en el Atl\u00e1ntico. El lugar podr\u00eda ser un cuadro de los impresionistas franceses, con el agua entre los juncos, pero se trata de un territorio de violencia salvaje con el sello del crimen organizado, como tantas otras ciudades del Estado de Tamaulipas, uno de los que m\u00e1s contribuyen a la sangrienta estad\u00edstica mexicana. Los que all\u00ed viven han llamado varias veces a las puertas de Estados Unidos mostrando una vida jalonada de violencias y pidiendo asilo. Pero su situaci\u00f3n no acaba de resolverse. Matamoros es otra parada de su miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>El campamento, sin embargo, parece a resguardo de las armas. All\u00ed pasan el d\u00eda y la noche unas 2.400 personas, 500 de ellas ni\u00f1os y 300 mujeres embarazadas, seg\u00fan los n\u00fameros redondos de la organizaci\u00f3n Global Response Management, que ofrece servicios m\u00e9dicos. \u201cElla padec\u00eda de sinusitis, por eso la mand\u00e9, se enfermaba a cada rato, por el mal clima, perd\u00eda hasta la voz\u201d. Carmen reza por su hija en Nueva York -una de las ciudades del mundo m\u00e1s infestadas por el virus- y por los otros dos hijos que dej\u00f3 en Honduras. Su vida est\u00e1 despedazada aqu\u00ed y all\u00e1 y la \u00faltima noticia que ha recibido de las autoridades migratorias es que est\u00e1 deportada, que no podr\u00e1 cruzar m\u00e1s a Estados Unidos. Este parque p\u00fablico es ahora, m\u00e1s que un refugio, un lugar donde esconderse hasta que sepa que Julissa est\u00e1 a buen recaudo. Despu\u00e9s volver\u00e1 a consultar la br\u00fajula para dirigir sus pasos. Honduras no puede ser: all\u00ed dej\u00f3 un marido polic\u00eda asesinado -\u201cdesaparecido, dicen, pero yo s\u00e9 que est\u00e1 muerto, escuch\u00f3 una conversaci\u00f3n que no deb\u00eda\u201d- y a otra pareja que la maltrat\u00f3. \u201cMe gusta Canad\u00e1 y tambi\u00e9n Espa\u00f1a, donde tengo dos hermanos y cinco primos, pero ya me han avisado: te recibimos, pero no te podemos pagar el avi\u00f3n\u201d. Cuando era peque\u00f1a, Carmen quer\u00eda ser maestra. \u201cMi madre horneaba pan y nosotros lo vend\u00edamos. Ahora no hay alegr\u00eda para ella. Solo quiere morirse\u201d, recuerda. Las desgracias son in\u00fameras a la puerta con cremallera de esa tienda de campa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>El coronavirus ha cortado en seco algunas actividades con las que enga\u00f1aban al aburrimiento y simulaban llevar una vida normal en este refugio de migrantes: las fiestas de las quincea\u00f1eras, muy comunes en Latinoam\u00e9rica, la escuela para los ni\u00f1os que impart\u00edan los voluntarios, el se\u00f1or que tra\u00eda la le\u00f1a sin pedir nada a cambio, las donaciones. Y lo peor: el freno en las oficinas y los tr\u00e1mites para pasar a la tierra de promisi\u00f3n. Todo est\u00e1 parado por el maldito bicho invisible. De Estados Unidos llega la de cal y la de arena. Las malas noticias para los que tratan de entrar las compensan ONG de toda clase que prestan ayuda en el campamento, como Global Response Management, que ha instalado all\u00ed su caravana m\u00e9dica.<\/p>\n\n\n\n<p>G\u00e9nesis Orellana lleva al cuello la mascarilla que deb\u00eda cubrir su boca. Los m\u00e9dicos se la han dado porque ten\u00eda gripe, pero no coronavirus. Ha dado negativo. Y tambi\u00e9n su amiga Nicoll. Una tiene 14 y la otra 12 a\u00f1os y ambas han prestado su dedo para pasar un test r\u00e1pido de sangre que detecte el virus. En el dispensario m\u00e9dico hay m\u00e1s de 1.000 test disponibles y ya han efectuado unas 300 pruebas, todas negativas. El jefe de este dispositivo humanitario es el neoyorkino Daniel Taylor, de 34 a\u00f1os, curtido en Irak y en Ucrania, con una especie de escapulario colgado del cuello, un cubrebocas estampado y un anillo gordo de plata. Pecas en los brazos y quiz\u00e1s en la cara. Estos d\u00edas es dif\u00edcil reconocer a la gente. Taylor sabe que si el virus entra en el campamento la cosa se va a poner dif\u00edcil, \u201cpero no m\u00e1s que en el pueblo, en Matamoros, porque no hay capacidad m\u00e9dica para contenerlo\u201d, dice en ingl\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Global Response se ha propuesto instalar un hospital de campa\u00f1a en ese parque p\u00fablico que, desde enero, es un pueblo que sue\u00f1a con entrar al territorio que gobierna Donald Trump. Es la desesperaci\u00f3n. El hospital tendr\u00e1 20 camas y 20 respiradores asistidos con paneles solares para cuando los pulmones a\u00fan tienen fuerza. Contar\u00e1, adem\u00e1s, con cuatro camas de cuidados intensivos y sendos ventiladores mec\u00e1nicos, estos para cuando el enfermo ya no pueda respirar. As\u00ed ser\u00e1 si la burocracia mexicana desbloquea la entrada del material, varado en la frontera.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar del peligro estadounidense, un pa\u00eds con 672.931 infectados y 34.386 muertos, sorprende la calma que a\u00fan se respira en buena parte del norte de M\u00e9xico, en algunos de los Estados m\u00e1s ricos, con pocos fallecidos a\u00fan. La carretera que llega a Matamoros es una de las m\u00e1s peligrosas del pa\u00eds, donde cualquier d\u00eda una furgoneta del crimen organizado detiene el veh\u00edculo y a saber qu\u00e9 pasa. Los migrantes han visto mucha violencia hasta llegar a su refugio de lona. Ellos mismos, pobres de solemnidad, son secuestrados por un pu\u00f1ado de d\u00f3lares para alimentar al narco. Por eso no salen de los l\u00edmites de un campamento que est\u00e1 abierto de par en par. O salen poco. Algunos tienen trabajo en la localidad. Ten\u00edan. Todo se lo ha llevado por delante el coronavirus. Miseria sobre miseria. Tania Valladares ha estado empleada en una casa de belleza de Matamoros. Ya no quiere pensar en las penurias del viaje hasta llegar al campamento. Su marido, Fabricio, de 27 a\u00f1os, se rompi\u00f3: \u201cNo com\u00eda, no hablaba, no se ba\u00f1aba\u201d. Todav\u00eda hoy, apenas habla sentado en la puerta de su tienda. \u201cYo no puedo caer\u201d, se anima Tania. Nos espera Tampa, en Florida\u201d. Cuando lo permita el coronavirus. \u201cLa fe mueve monta\u00f1as\u201d, dice esta guapa muchacha de 24 a\u00f1os. Quiz\u00e1, pero no mueve fronteras. Ayer mismo, una mujer muri\u00f3 en el r\u00edo, que parece manso a esta altura. Si fue arrastrada por la corriente o se suicid\u00f3, nadie lo sabe, la desesperaci\u00f3n cunde en un campamento donde los ni\u00f1os juegan al aire libre descalzos, pisoteando los charcos de agua con las ruedas de sus bicicletas. El para\u00edso.<\/p>\n\n\n\n<p>Cae la tarde en este pueblo de estilo fren\u00e9ticamente desordenado. Err\u00e1tico para un arquitecto, desconcertante para un turista, m\u00e1gico para un fot\u00f3grafo. Nada parece en su sitio, es como un Lego descompuesto. Cables por todos lados, colores sin tino, alturas varias, carteles, luces, letreros, abogados, dentistas, cambio de moneda, enterramientos econ\u00f3micos, miles de farmacias, tacos y gorditas, sal\u00f3n de belleza&#8230; El campamento es m\u00e1s arm\u00f3nico, a pesar de sus chamizos enlonados. All\u00ed las ropas tendidas al sol y las cocinas de barro, incluso los reguerillos que desalojan todas las aguas, trazan cierta paz dom\u00e9stica y la ilusi\u00f3n de un caser\u00edo planificado. Los migrantes, de siete pa\u00edses, hacen fila para recoger su cena: pescado, arroz, ensalada y fruta, que se reparte en esas antiecol\u00f3gicas y pr\u00e1cticas bandejas de poliesp\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cae la tarde, pues, y ajenos al coronavirus y su distancia profil\u00e1ctica, la boliviana Gabriela Vera, de 27 a\u00f1os, un hijo que juega fuera, y Jos\u00e9 Luis Guerra, de 28, cubano con camiseta de los Estados Unidos, se hacen arrumacos frente al v\u00eddeo de su celular. Se han conocido en el campamento y no hay una vivienda en el parque mejor decorada que la suya, casi parece una casa de juguete. A un lado y otro, sendas tiendas con sus camas, la del ni\u00f1o con oso de peluche, y entre ambas habitaciones, un espacio con sof\u00e1 y mesa. Sobre la mesa un tapete, sobe el tapete un vaso con rosas y detr\u00e1s de las flores los novios, que se incomodan t\u00edmidos con el fot\u00f3grafo. Se les ve felices. \u00bfCoronaqu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>Coronavirus. Carmen Ochoa conoce muy bien esa palabra. Aguarda junto a su puerta con cremallera noticias de la mejora de Julissa, aislada en alg\u00fan lugar de Nueva York. Ahora no es la sinusitis, ni el fr\u00edo del invierno que la dejaba sin voz. Ahora el enemigo no es \u00fanicamente la violencia del crimen organizado, o aquellos asesinos de Honduras. De su mente no se va el puente por el que se march\u00f3 su hija. No hay descanso en la frontera.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nota tomada de elpais.com<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La covid-19 ha cortado en seco la actividad del campo de migrantes de Matamoros donde permanecen 2.400 personas, 500 de ellas ni\u00f1os y 300 mujeres embarazadas.<span class=\"excerpt-hellip\"> [\u2026]<\/span><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2504,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[17],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2503"}],"collection":[{"href":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2503"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2503\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2505,"href":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2503\/revisions\/2505"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2504"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2503"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2503"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/grillotamaulipeco.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2503"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}