

San Fernando, Tam.— La deficiente infraestructura de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) mantiene en jaque a miles de familias en San Fernando, donde en apenas cinco días se han registrado más de siete apagones que han terminado por colapsar el suministro de agua potable en amplios sectores de la ciudad.
De acuerdo con el gerente de la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (COMAPA), MVZ Oscar González Ríos, la situación ha rebasado cualquier capacidad de respuesta local, al señalar que los constantes cortes de energía eléctrica impactan directamente en el sistema de rebombeo, pieza clave para llevar el vital líquido a los hogares.
“El problema ya es insostenible”, advirtió el funcionario, al detallar que el agua debe ser trasladada desde más de 20 kilómetros de distancia, proceso que depende totalmente de la energía eléctrica. Cada interrupción en el servicio no solo detiene el bombeo, sino que provoca un retraso de más de 24 horas para restablecer el suministro, tiempo en el que, irónicamente, suelen registrarse nuevos apagones.
Este escenario ha generado un círculo vicioso que deja a la población sin agua de manera constante, afectando principalmente al sector sur de la ciudad, comunidades ejidales y la zona de la Laguna Madre.
A pesar de los esfuerzos del Gobierno Municipal por mantener en condiciones óptimas la red de distribución —incluyendo reparaciones y mantenimiento de tuberías—, el problema de fondo persiste: una red eléctrica deteriorada y rebasada que no garantiza un servicio continuo.
La falta de inversión y mantenimiento por parte de la CFE ha sido señalada como la principal causa de esta crisis, que no solo afecta el acceso al agua, sino que también impacta actividades básicas, comerciales y de salud en la región.
Ante este panorama, González Ríos adelantó que se buscará proceder por la vía legal y gestionar la intervención de instancias estatales y federales para obligar a la paraestatal a atender de fondo la problemática.
Mientras tanto, la ciudadanía continúa enfrentando las consecuencias de un servicio eléctrico inestable que, más allá de la incomodidad, ya representa una afectación directa a un derecho básico: el acceso al agua.